LA MERCANTILIZACION DE LOS ESTADOS DE ANIMO. EL CONSUMO DE ANTIDEPRESIVOS Y LAS NUEVAS BIOPOLITICAS DE LAS AFLICCIONES
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MARTINEZ, A., LA MERCANTILIZACION DE LOS ESTADOS DE ANIMO. EL CONSUMO DE ANTIDEPRESIVOS Y LAS NUEVAS BIOPOLITICAS DE LAS AFLICCIONES. POLITICA Y SOCIEDAD, Vol. 43, no. 3 (2006), p. 43-56.
Ref.
146710
Location:
SIIS R.1280 Archivo
Palabras clave:
Actitudes sociales, Consumo, Crítica, Cultura, Depresión, Enfermedades mentales, Fármacos
Actitudes sociales, Consumo, Crítica, Cultura, Depresión, Enfermedades mentales, Fármacos
Abstract:
En los últimos años, el consumo de antidepresivos ha experimentado, sobre todo en las sociedades más desarrolladas, un crecimiento exponencial. Desde hace unos años, son el tercer tipo de fármaco más vendido en el mundo y se estima que algo más de cien millones de personas los consumen. Los nuevos antidepresivos, conocidos también como ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) e ISRN (inhibidores selectivos de la recaptación de noradrenalina) han sido los principales protagonistas de este fenómeno, que ha suscitado hasta la fecha no pocas controversias acerca de su potencial terapéutico, las estrategias de la industria farmacéutica que los produce o sobre los límites éticos de diseñar la personalidad y las emociones. En este sugerente artículo, Ángel Martínez, profesor de Antropología en la Universidad Roviera i Virgili, esboza un interesante análisis sobre los procesos socioculturales y económicos que más están contribuyendo a este fenómeno. El proceso de naturalización de las aflicciones humanas y su reconversión en enfermedades es uno de ellos. A través de su definición, el autor del artículo no pretende negar la existencia de una enfermedad, hoy denominada ‘depresión’, de posible origen biológico y que, sin duda, provoca un sufrimiento que puede ser paliado, sino señalar, más bien, el abuso de su prescripción ante estados comunes, como la tristeza, el duelo o el estrés, que no deberían ser medicalizados y que, si lo son, lo es en gran medida por los intereses de la industria farmacéutica y sus métodos (publicidad, control de la investigación, financiación de congresos), por el exceso burocrático de los sistemas de atención en salud y en salud mental, y por las necesidades construidas por la expectativas culturales de la modernidad y de la sociedad de consumo.
En los últimos años, el consumo de antidepresivos ha experimentado, sobre todo en las sociedades más desarrolladas, un crecimiento exponencial. Desde hace unos años, son el tercer tipo de fármaco más vendido en el mundo y se estima que algo más de cien millones de personas los consumen. Los nuevos antidepresivos, conocidos también como ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) e ISRN (inhibidores selectivos de la recaptación de noradrenalina) han sido los principales protagonistas de este fenómeno, que ha suscitado hasta la fecha no pocas controversias acerca de su potencial terapéutico, las estrategias de la industria farmacéutica que los produce o sobre los límites éticos de diseñar la personalidad y las emociones. En este sugerente artículo, Ángel Martínez, profesor de Antropología en la Universidad Roviera i Virgili, esboza un interesante análisis sobre los procesos socioculturales y económicos que más están contribuyendo a este fenómeno. El proceso de naturalización de las aflicciones humanas y su reconversión en enfermedades es uno de ellos. A través de su definición, el autor del artículo no pretende negar la existencia de una enfermedad, hoy denominada ‘depresión’, de posible origen biológico y que, sin duda, provoca un sufrimiento que puede ser paliado, sino señalar, más bien, el abuso de su prescripción ante estados comunes, como la tristeza, el duelo o el estrés, que no deberían ser medicalizados y que, si lo son, lo es en gran medida por los intereses de la industria farmacéutica y sus métodos (publicidad, control de la investigación, financiación de congresos), por el exceso burocrático de los sistemas de atención en salud y en salud mental, y por las necesidades construidas por la expectativas culturales de la modernidad y de la sociedad de consumo.
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