CREATING AND SUSTAINING DISADVANTAGE: THE RELEVANCE OF A SOCIAL EXCLUSION FRAMEWORK
Gespeichert in:
GRENIER, A., GUBERMAN, N., CREATING AND SUSTAINING DISADVANTAGE: THE RELEVANCE OF A SOCIAL EXCLUSION FRAMEWORK. HEALTH AND SOCIAL CARE IN THE COMMUNITY, Vol. 17, no. 2 (2009), p. 116-124.
Ref.
158139
Standort:
SIIS R.1241 Archivo
Palabras clave:
Atención domiciliaria, Efectos, Exclusión social, Intervención social, Personas mayores, Canadá
Atención domiciliaria, Efectos, Exclusión social, Intervención social, Personas mayores, Canadá
Abstract:
El paradigma actual de atención sociosanitaria a las personas mayores dicta que se les deben facilitar apoyos que les permitan permanecer en sus hogares tanto tiempo como sea posible, y evitar así el desarraigo que puede suponer el traslado a una residencia o un alojamiento alternativo. Sin embargo, en el último decenio los programas de asistencia domiciliaria –como las políticas sociales en su conjunto– han sufrido importantes recortes presupuestarios, con el argumento de la optimización de recursos. ¿En qué medida, entonces, este modelo garantiza el bienestar de todas las personas mayores? Ésta es la pregunta a la que se propone responder el presente artículo, que analiza cuatro estudios sobre atención domiciliaria a mayores realizados en la provincia canadiense de Quebec, entre 1995 y 2007, desde la perspectiva de la exclusión social. Los resultados de esas investigaciones identifican, a juicio de las autoras del texto, siete formas de exclusión derivadas de las citadas políticas: exclusión simbólica (estereotipos negativos), identitaria (la edad avanzada como única identidad), sociopolítica, institucional (menos servicios y capacidad de decisión), económica, relacional (falta de redes sociales) y territorial (aislamiento geográfico). Además, se observan tres perfiles de especial vulnerabilidad: los usuarios de servicios que tienen limitaciones de participación; las personas mayores consideradas no aptas para recibir servicios públicos, pero que carecen de recursos materiales para hacer frente a sus necesidades; y los cuidadores informales que dejan su empleo para atender a una persona mayor. Ante este panorama, las autoras proponen revisar la prioridad de los criterios médicos frente a los sociales, la sustitución de las políticas universalistas por otras dirigidas a colectivos concretos, la evaluación de resultados frente a la de procesos y, por último, reconsiderar en qué medida los programas contribuyen al empoderamiento de los usuarios y el control de los profesionales.
El paradigma actual de atención sociosanitaria a las personas mayores dicta que se les deben facilitar apoyos que les permitan permanecer en sus hogares tanto tiempo como sea posible, y evitar así el desarraigo que puede suponer el traslado a una residencia o un alojamiento alternativo. Sin embargo, en el último decenio los programas de asistencia domiciliaria –como las políticas sociales en su conjunto– han sufrido importantes recortes presupuestarios, con el argumento de la optimización de recursos. ¿En qué medida, entonces, este modelo garantiza el bienestar de todas las personas mayores? Ésta es la pregunta a la que se propone responder el presente artículo, que analiza cuatro estudios sobre atención domiciliaria a mayores realizados en la provincia canadiense de Quebec, entre 1995 y 2007, desde la perspectiva de la exclusión social. Los resultados de esas investigaciones identifican, a juicio de las autoras del texto, siete formas de exclusión derivadas de las citadas políticas: exclusión simbólica (estereotipos negativos), identitaria (la edad avanzada como única identidad), sociopolítica, institucional (menos servicios y capacidad de decisión), económica, relacional (falta de redes sociales) y territorial (aislamiento geográfico). Además, se observan tres perfiles de especial vulnerabilidad: los usuarios de servicios que tienen limitaciones de participación; las personas mayores consideradas no aptas para recibir servicios públicos, pero que carecen de recursos materiales para hacer frente a sus necesidades; y los cuidadores informales que dejan su empleo para atender a una persona mayor. Ante este panorama, las autoras proponen revisar la prioridad de los criterios médicos frente a los sociales, la sustitución de las políticas universalistas por otras dirigidas a colectivos concretos, la evaluación de resultados frente a la de procesos y, por último, reconsiderar en qué medida los programas contribuyen al empoderamiento de los usuarios y el control de los profesionales.
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