STIGMA AND SMOKING: THE CONSEQUENCES OF OUR GOOD INTENTIONS
Saved in:
STUBER, J., ET AL., STIGMA AND SMOKING: THE CONSEQUENCES OF OUR GOOD INTENTIONS. SOCIAL SERVICE REVIEW, Vol. 83, no. 4 (2009), p. 585-609.
Ref.
167814
Location:
SIIS R.690 Archivo
Palabras clave:
Actitudes sociales, Drogodependencias, Efectos, Etiquetamiento, Tabaco, Tabaquismo, EE.UU.
Actitudes sociales, Drogodependencias, Efectos, Etiquetamiento, Tabaco, Tabaquismo, EE.UU.
Abstract:
En algunas partes de los EE.UU., uno de los países con normativa antitabaco más restrictiva del mundo, fumar empieza a estar mal visto. Las actitudes sociales negativas hacia el consumo de tabaco pueden funcionar como una motivación para quienes están pensando en dejar de fumar, y también como un factor preventivo para los no fumadores. No obstante, el etiquetamiento de los fumadores podría también, al menos teóricamente, tener un efecto contraproducente. Así lo señalan los autores de este artículo sobre el control social que se ejerce sobre el tabaco en el área urbana de Nueva York, una de las ciudades pioneras en la lucha contra el tabaquismo activo y pasivo. Pretenden, mediante esta investigación, averiguar si los fumadores perciben un rechazo social por parte del resto de la sociedad. Además, quieren saber si el posible etiquetamiento que puede afectar a los consumidores de tabaco induce a los fumadores a mantener su adicción en secreto. Para cumplir con estos fines, se ha realizado una encuesta entre más de 800 fumadores neoyorquinos. Un 44% de estas personas percibían actitudes sociales negativas hacia ellas, y un 17% afirmaba experimentar un trato diferenciado por el hecho de ser fumadoras. Aproximadamente una tercera parte del muestreo decía sufrir de alguna forma de aislamiento social debido a su tabaquismo. La mayoría de quienes no se relacionaban mucho con no fumadores argumentaban que su principal motivo era que el contacto con ellos a veces resultaba complicado, o que preferían evitar exponerse al rechazo. En este grupo había muchas personas que afirmaban guardar algunos secretos sobre su consumo de tabaco para intentar mejorar su imagen social. El estudio también indica que los grandes fumadores son quienes más se aíslan y más intentan ocultar su hábito tabáquico. Por otro lado, constatan los autores, este estudio no evidencia que el rechazo vivido esté relacionado con una mayor persistencia en los intentos de dejar de fumar, ni tampoco parece reducir el número de cigarrillos consumidos. En resumidas cuentas: parece que el control social ejercido sobre los fumadores a veces resulta ineficaz, o incluso contraproducente.
En algunas partes de los EE.UU., uno de los países con normativa antitabaco más restrictiva del mundo, fumar empieza a estar mal visto. Las actitudes sociales negativas hacia el consumo de tabaco pueden funcionar como una motivación para quienes están pensando en dejar de fumar, y también como un factor preventivo para los no fumadores. No obstante, el etiquetamiento de los fumadores podría también, al menos teóricamente, tener un efecto contraproducente. Así lo señalan los autores de este artículo sobre el control social que se ejerce sobre el tabaco en el área urbana de Nueva York, una de las ciudades pioneras en la lucha contra el tabaquismo activo y pasivo. Pretenden, mediante esta investigación, averiguar si los fumadores perciben un rechazo social por parte del resto de la sociedad. Además, quieren saber si el posible etiquetamiento que puede afectar a los consumidores de tabaco induce a los fumadores a mantener su adicción en secreto. Para cumplir con estos fines, se ha realizado una encuesta entre más de 800 fumadores neoyorquinos. Un 44% de estas personas percibían actitudes sociales negativas hacia ellas, y un 17% afirmaba experimentar un trato diferenciado por el hecho de ser fumadoras. Aproximadamente una tercera parte del muestreo decía sufrir de alguna forma de aislamiento social debido a su tabaquismo. La mayoría de quienes no se relacionaban mucho con no fumadores argumentaban que su principal motivo era que el contacto con ellos a veces resultaba complicado, o que preferían evitar exponerse al rechazo. En este grupo había muchas personas que afirmaban guardar algunos secretos sobre su consumo de tabaco para intentar mejorar su imagen social. El estudio también indica que los grandes fumadores son quienes más se aíslan y más intentan ocultar su hábito tabáquico. Por otro lado, constatan los autores, este estudio no evidencia que el rechazo vivido esté relacionado con una mayor persistencia en los intentos de dejar de fumar, ni tampoco parece reducir el número de cigarrillos consumidos. En resumidas cuentas: parece que el control social ejercido sobre los fumadores a veces resulta ineficaz, o incluso contraproducente.