EVALUACION DE PROGRAMAS DE GASTO PUBLICO MEDIANTE MICRO-SIMULACION DEL POTENCIAL DE CALIDAD DE VIDA (QLP)
Guardat en:
MATILLA, M., EVALUACION DE PROGRAMAS DE GASTO PUBLICO MEDIANTE MICRO-SIMULACION DEL POTENCIAL DE CALIDAD DE VIDA (QLP). PRESUPUESTO Y GASTO PUBLICO, no. 55 (2009), p. 31-48.
Ref.
168774
Localització:
DFB R.1851 Archivo
Palabras clave:
Bienestar, Calidad de vida, Evaluación de servicios, Gasto social, Impuestos, Indicadores, Métodos de evaluación, Política económica, Políticas públicas, España
Bienestar, Calidad de vida, Evaluación de servicios, Gasto social, Impuestos, Indicadores, Métodos de evaluación, Política económica, Políticas públicas, España
Resum:
Los programas de microsimulación se emplean con frecuencia para diseñar y evaluar medidas fiscales, que pueden cuantificarse en términos monetarios. Sin embargo, su utilidad es limitada cuando se trata de analizar los resultados obtenidos por un programa o política social: pueden aplicarse si se trata de valorar la incidencia presupuestaria o distributiva, pero resultan insuficientes si lo que se pretende es conocer aspectos como la mejora del bienestar, que son difíciles de cuantificar de forma objetiva. Este artículo explica la base teórica y la metodología operativa para estimar un indicador que los autores han denominado ‘potencial de la calidad de vida’ (QLP). El instrumento se ha construido a partir de la teoría del capital humano, en concreto, es una variante del modelo de producción del hogar de Becker. El QLP combina información sobre esperanza de vida, datos de renta, estructura demográfica, tiempo disponible, limitaciones para la vida diaria como consecuencia del estado de salud y consideraciones de ciclo vital; además, tiene en cuenta un umbral de pobreza o de bienestar subjetivo. Puede utilizarse como indicador de bienestar (escala micro) o también como indicador de desarrollo humano, es decir, para valorar el nivel de desarrollo de agregados en un determinado marco territorial (escala macro). Una primera ventaja subrayada por los autores es que las medidas que produce en esos dos ámbitos son consistentes entre sí. Además, como indicador de calidad de vida es comparable con el índice de desarrollo humano (IDH), al tiempo que carece de algunas debilidades de éste. Por su parte, como indicador de bienestar, presenta múltiples aplicaciones, pero dado que no permite la comparabilidad de utilidades individuales, resulta poco útil como criterio de decisión. Dejando de lado esta característica técnica, la principal limitación del instrumento es que requiere gran cantidad de datos empíricos, dificultad que desaparece con mayor investigación empírica.
Los programas de microsimulación se emplean con frecuencia para diseñar y evaluar medidas fiscales, que pueden cuantificarse en términos monetarios. Sin embargo, su utilidad es limitada cuando se trata de analizar los resultados obtenidos por un programa o política social: pueden aplicarse si se trata de valorar la incidencia presupuestaria o distributiva, pero resultan insuficientes si lo que se pretende es conocer aspectos como la mejora del bienestar, que son difíciles de cuantificar de forma objetiva. Este artículo explica la base teórica y la metodología operativa para estimar un indicador que los autores han denominado ‘potencial de la calidad de vida’ (QLP). El instrumento se ha construido a partir de la teoría del capital humano, en concreto, es una variante del modelo de producción del hogar de Becker. El QLP combina información sobre esperanza de vida, datos de renta, estructura demográfica, tiempo disponible, limitaciones para la vida diaria como consecuencia del estado de salud y consideraciones de ciclo vital; además, tiene en cuenta un umbral de pobreza o de bienestar subjetivo. Puede utilizarse como indicador de bienestar (escala micro) o también como indicador de desarrollo humano, es decir, para valorar el nivel de desarrollo de agregados en un determinado marco territorial (escala macro). Una primera ventaja subrayada por los autores es que las medidas que produce en esos dos ámbitos son consistentes entre sí. Además, como indicador de calidad de vida es comparable con el índice de desarrollo humano (IDH), al tiempo que carece de algunas debilidades de éste. Por su parte, como indicador de bienestar, presenta múltiples aplicaciones, pero dado que no permite la comparabilidad de utilidades individuales, resulta poco útil como criterio de decisión. Dejando de lado esta característica técnica, la principal limitación del instrumento es que requiere gran cantidad de datos empíricos, dificultad que desaparece con mayor investigación empírica.