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Gascón, J., Montagut, X., Banco de alimentos. ¿Combatir el hambre con las sobras?. Serie: Asaco n. 26, Barcelona, Icaria, 2015, 87 p.
Ref. 511653
Localización: SIIS 511653 / SIIS Archivo (511653)

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Palabras clave:
Pobreza, Alimentación, Malnutrición, Prevención, Prestaciones económicas, Entidades sin ánimo de lucro, Alternativas, Crítica, España

Resumen:
Los bancos de alimentos, entendidos como estructuras centralizadas para recoger y almacenar los excedentes alimentarios de cara a su posterior distribución entre los hogares más pobres, llegaron a España a finales de los años ochenta y han empezado a ser conocidos por el gran público a raíz de la crisis económica. Esta mayor visibilidad social, sin embargo, apenas ha concitado el interés académico. El documento que se reseña en estas líneas es uno de los pocos estudios dedicados a este tipo de organizaciones (algunos más pueden consultarse en esta bibliografía temática: https://bit.ly/2gI4vQY). El librito trata de averiguar qué papel juegan estos bancos en la reducción del desperdicio alimentario y en el suministro de comida a los hogares con menos ingresos: es decir, si cumplen eficientemente los objetivos para los que fueron creados.

Tras investigar cómo se produce el despilfarro de alimentos que los bancos pretenden atajar, los autores llegan a la conclusión de que “el volumen acumulado de alimentos desperdiciados es directamente proporcional al predominio del modelo agroindustrial”. Los bancos de alimentos serían, según esta investigación, una “pieza clave” de este sistema, debido a dos razones. Por un lado, el grueso de los productos distribuidos por los bancos de alimentos procede de donaciones de las propias grandes industrias alimentarias, las cuales obtienen por ello beneficios fiscales y de imagen. Por otro lado, las recogidas populares de alimentos que organizan periódicamente estos bancos repercuten positivamente en las ventas de las grandes cadenas de hipermercados y supermercados, donde se adquiere buena parte de los productos que se donan en estas campañas.

Una vez cuestionada la contribución de estas entidades a reducir los excedentes alimentarios, los investigadores se preguntan si los bancos de alimentos son útiles para hacer llegar comida a quienes no la tienen. La respuesta a esta pregunta es más bien negativa, ya que los alimentos facilitados a los hogares pobres no siempre guardan el adecuado equilibrio nutricional, y aunque pueda ser necesaria en determinadas circunstancias, la entrega de comida responde a un modelo de intervención asistencialista y estigmatizante, incapaz de resolver los factores que impiden a las personas conseguir alimentos por sus propios medios. En suma, los autores sostienen que “enfrentar el hambre con las sobras no es eficaz ni para luchar contra la pobreza alimentaria, ni para reducir el desperdicio”.