A. Campaña Martínez (Jurista y politóloga): Adicción, pobreza y género. Vidas en riesgo y barreras de las mujeres de poblaciones ocultas drogodependientes
Saved in:
A. Campaña Martínez (Jurista y politóloga): Adicción, pobreza y género. Vidas en riesgo y barreras de las mujeres de poblaciones ocultas drogodependientes. lasDrogas.info, 13/11/2023.
Ref.
589421
Abstract:
Ser mujer en el ámbito de las adicciones implica que el estigma, la exclusión y las violencias son mucho más patentes que en hombres, y por extensión está más acentuada su marginalidad. Las barreras materiales y simbólicas que se interponen en la vida de las mujeres están atravesadas por un componente de género que impide el ejercicio efectivo de sus derechos de autonomía e identidad. Sobre ellas recae el peso de contradecir los mandatos de género y la construcción social de «la buena mujer» y «la buena madre» (Estibaliz, 2016; Rojas, 2016, Episteme, 2021; Maneses Falcón, 2006; Romo, 2016) ). Por lo tanto, no es solo la sociedad quien las degrada, penaliza y juzga por su adicción, sino que terminan siendo ellas mismas quienes se autoestigmatizan y autoexpulsan hacia los márgenes.
Ser mujer en el ámbito de las adicciones implica que el estigma, la exclusión y las violencias son mucho más patentes que en hombres, y por extensión está más acentuada su marginalidad. Las barreras materiales y simbólicas que se interponen en la vida de las mujeres están atravesadas por un componente de género que impide el ejercicio efectivo de sus derechos de autonomía e identidad. Sobre ellas recae el peso de contradecir los mandatos de género y la construcción social de «la buena mujer» y «la buena madre» (Estibaliz, 2016; Rojas, 2016, Episteme, 2021; Maneses Falcón, 2006; Romo, 2016) ). Por lo tanto, no es solo la sociedad quien las degrada, penaliza y juzga por su adicción, sino que terminan siendo ellas mismas quienes se autoestigmatizan y autoexpulsan hacia los márgenes.
| Summary: | Ser mujer en el ámbito de las adicciones implica que el estigma, la exclusión y las violencias son mucho más patentes que en hombres, y por extensión está más acentuada su marginalidad. Las barreras materiales y simbólicas que se interponen en la vida de las mujeres están atravesadas por un componente de género que impide el ejercicio efectivo de sus derechos de autonomía e identidad. Sobre ellas recae el peso de contradecir los mandatos de género y la construcción social de «la buena mujer» y «la buena madre» (Estibaliz, 2016; Rojas, 2016, Episteme, 2021; Maneses Falcón, 2006; Romo, 2016) ). Por lo tanto, no es solo la sociedad quien las degrada, penaliza y juzga por su adicción, sino que terminan siendo ellas mismas quienes se autoestigmatizan y autoexpulsan hacia los márgenes. |
|---|