Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso
Saved in:
Angula, A., et al., Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso. Madrid, Subdirección General de Cooperación Territorial e Innovación Educativa, 2026, 150 p.
Ref.
610703
Location:
SIIS Archivo
Palabras clave:
Infancia, Juventud, Malos tratos, Violencia, Compañeros, Víctimas, Centros educativos, Internet, Prevención, Directrices, España
Infancia, Juventud, Malos tratos, Violencia, Compañeros, Víctimas, Centros educativos, Internet, Prevención, Directrices, España
Abstract:
La Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso ofrece un marco común para que los centros educativos prevengan, detecten y afronten estas situaciones de forma coordinada, segura y basada en la evidencia. Su planteamiento supera el modelo meramente sancionador y propone una cultura del buen trato, la prevención proactiva y un enfoque restaurativo centrado en proteger a quien ha sufrido el daño, responsabilizar a quien lo ha causado y reparar las relaciones. Distingue claramente el conflicto ordinario del acoso escolar, que requiere intencionalidad, reiteración y desequilibrio de poder, y aborda también las particularidades del ciberacoso. La prevención se estructura en medidas de acceso, participación y aprendizaje —formación del personal, colaboración con las familias, participación del alumnado, educación socioemocional y digital, cohesión grupal, etc.— y en una vigilancia activa que permita reconocer precozmente señales de aislamiento, cambios de conducta y nuevos riesgos digitales.<br><br>Cuando existen indicios, la guía propone un protocolo de siete fases: detección y comunicación; apertura y medidas inmediatas de protección; recogida de información y evidencias; análisis y toma de decisiones; notificaciones; elaboración de un plan de intervención integrado y restaurativo, que debe ponerse en marcha en un máximo de diez días; y seguimiento y evaluación durante un mínimo de seis meses. Todo el proceso debe considerar no solo a la persona afectada y a quien causa el daño, sino también al grupo de iguales, especialmente a los observadores, así como los factores de desigualdad y vulnerabilidad desde una perspectiva interseccional. La guía presta especial atención al acoso por LGTBIfobia y al relacionado con discapacidad o TEA, incorpora riesgos emergentes como la IA generativa y los deepfakes, y proporciona anexos con listas de comprobación, orientaciones para entrevistas y modelos de registro. Su finalidad última es que el protocolo sea un instrumento vivo, revisable y plenamente integrado en la convivencia cotidiana del centro, orientado tanto a detener la violencia como a reconstruir un entorno seguro e inclusivo.
La Guía para el diseño de protocolos de acoso escolar y ciberacoso ofrece un marco común para que los centros educativos prevengan, detecten y afronten estas situaciones de forma coordinada, segura y basada en la evidencia. Su planteamiento supera el modelo meramente sancionador y propone una cultura del buen trato, la prevención proactiva y un enfoque restaurativo centrado en proteger a quien ha sufrido el daño, responsabilizar a quien lo ha causado y reparar las relaciones. Distingue claramente el conflicto ordinario del acoso escolar, que requiere intencionalidad, reiteración y desequilibrio de poder, y aborda también las particularidades del ciberacoso. La prevención se estructura en medidas de acceso, participación y aprendizaje —formación del personal, colaboración con las familias, participación del alumnado, educación socioemocional y digital, cohesión grupal, etc.— y en una vigilancia activa que permita reconocer precozmente señales de aislamiento, cambios de conducta y nuevos riesgos digitales.<br><br>Cuando existen indicios, la guía propone un protocolo de siete fases: detección y comunicación; apertura y medidas inmediatas de protección; recogida de información y evidencias; análisis y toma de decisiones; notificaciones; elaboración de un plan de intervención integrado y restaurativo, que debe ponerse en marcha en un máximo de diez días; y seguimiento y evaluación durante un mínimo de seis meses. Todo el proceso debe considerar no solo a la persona afectada y a quien causa el daño, sino también al grupo de iguales, especialmente a los observadores, así como los factores de desigualdad y vulnerabilidad desde una perspectiva interseccional. La guía presta especial atención al acoso por LGTBIfobia y al relacionado con discapacidad o TEA, incorpora riesgos emergentes como la IA generativa y los deepfakes, y proporciona anexos con listas de comprobación, orientaciones para entrevistas y modelos de registro. Su finalidad última es que el protocolo sea un instrumento vivo, revisable y plenamente integrado en la convivencia cotidiana del centro, orientado tanto a detener la violencia como a reconstruir un entorno seguro e inclusivo.