Risky alcohol use and violence against women: cause or consequence?
Gorde:
Weatherburn, D., et al., Risky alcohol use and violence against women: cause or consequence?. International Journal of Drug Policy, vol. 145, n. 104981, 2025, 8 p.
Erref.
611110
Kokapena:
SIIS R.1114
Hitz-gakoak:
Alcohol, Drogas, Consumo, Mujer, Género, Violencia, Factor de riesgo, Estudio longitudinal, Australia
Alcohol, Drogas, Consumo, Mujer, Género, Violencia, Factor de riesgo, Estudio longitudinal, Australia
Laburpena:
El objetivo del presente estudio fue determinar (a) si existe una relación entre la cantidad de alcohol que consume una mujer cuando bebe y el riesgo de sufrir violencia física, y (b) si sufrir violencia física aumenta la cantidad de alcohol que consume una mujer.<br><br>Las preguntas de investigación se abordaron ajustando una serie de modelos de regresión logística de efectos aleatorios y fijos a datos provenientes de 22 oleadas de la encuesta HILDA, un estudio longitudinal representativo a nivel nacional de los hogares australianos. El conjunto de datos para este estudio comprende 143.517 respuestas de 15.934 mujeres. Se examinan: (1) la relación transversal entre el consumo de alcohol y la violencia física en mujeres; (2) la relación entre el consumo de alcohol (o la violencia) en la oleada *t* y la violencia física (o el consumo de alcohol) en la oleada *t* + 1; y (3) la relación intraindividual entre el consumo de alcohol y la violencia física (y viceversa).<br><br>El riesgo es del 9 % para una mujer que consume entre 1 y 2 bebidas estándar en una misma ocasión, del 15 % para una mujer que consume entre 7 y 8 bebidas estándar en una misma ocasión y del 20 % para una mujer que habitualmente consume 13 o más bebidas estándar en una misma ocasión. Al controlar otros factores, una mujer que declara haber sido agredida en los 12 meses anteriores consume, en promedio, un 13 % más de alcohol en una misma ocasión que una mujer que no ha sido agredida en ese mismo periodo.<br><br>Los recursos de prevención son siempre limitados y, por tanto, resulta más eficaz dirigirlos a quienes corren mayor riesgo, independientemente de si el factor asociado desempeña un papel causal o es simplemente un indicador de un riesgo elevado. Las mujeres que comunican a las autoridades sanitarias, de bienestar social o del sistema de justicia penal haber sufrido agresiones deberían ser evaluadas para determinar si presentan también problemas concomitantes de consumo de drogas y alcohol.
El objetivo del presente estudio fue determinar (a) si existe una relación entre la cantidad de alcohol que consume una mujer cuando bebe y el riesgo de sufrir violencia física, y (b) si sufrir violencia física aumenta la cantidad de alcohol que consume una mujer.<br><br>Las preguntas de investigación se abordaron ajustando una serie de modelos de regresión logística de efectos aleatorios y fijos a datos provenientes de 22 oleadas de la encuesta HILDA, un estudio longitudinal representativo a nivel nacional de los hogares australianos. El conjunto de datos para este estudio comprende 143.517 respuestas de 15.934 mujeres. Se examinan: (1) la relación transversal entre el consumo de alcohol y la violencia física en mujeres; (2) la relación entre el consumo de alcohol (o la violencia) en la oleada *t* y la violencia física (o el consumo de alcohol) en la oleada *t* + 1; y (3) la relación intraindividual entre el consumo de alcohol y la violencia física (y viceversa).<br><br>El riesgo es del 9 % para una mujer que consume entre 1 y 2 bebidas estándar en una misma ocasión, del 15 % para una mujer que consume entre 7 y 8 bebidas estándar en una misma ocasión y del 20 % para una mujer que habitualmente consume 13 o más bebidas estándar en una misma ocasión. Al controlar otros factores, una mujer que declara haber sido agredida en los 12 meses anteriores consume, en promedio, un 13 % más de alcohol en una misma ocasión que una mujer que no ha sido agredida en ese mismo periodo.<br><br>Los recursos de prevención son siempre limitados y, por tanto, resulta más eficaz dirigirlos a quienes corren mayor riesgo, independientemente de si el factor asociado desempeña un papel causal o es simplemente un indicador de un riesgo elevado. Las mujeres que comunican a las autoridades sanitarias, de bienestar social o del sistema de justicia penal haber sufrido agresiones deberían ser evaluadas para determinar si presentan también problemas concomitantes de consumo de drogas y alcohol.