A call for action: Closing the evidence gap in management of stimulant-induced psychosis

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Bouthillier, A., et al., A call for action: Closing the evidence gap in management of stimulant-induced psychosis. Addiction, vol. 121, n. 9, 2026, p. 2275-2283.
Ref. 611371
Location: SIIS R.696
Palabras clave:
Drogas, Consumo, Estimulantes, Psicosis, Atención psiquiátrica, Salud mental, Suicidio, Factor de riesgo, EE.UU.
Abstract:
La psicosis inducida por estimulantes (StIP) está emergiendo como uno de los desafíos sanitarios más apremiantes. En las últimas dos décadas, los daños asociados al consumo de estimulantes y la demanda de atención psiquiátrica han aumentado drásticamente. Las personas con StIP a menudo presentan agitación grave y un alto riesgo de suicidio; además, hasta la mitad de ellas evolucionan hacia una enfermedad psicótica crónica en un plazo de dos años. A pesar de esta carga, las recomendaciones clínicas son escasas y se basan mayoritariamente en el consenso más que en la evidencia. Este artículo tiene como objetivo evaluar críticamente los enfoques conceptuales y terapéuticos actuales sobre la StIP, señalar las lagunas en la evidencia y definir prioridades para la investigación y la práctica clínica.<br><br> Proponemos una reevaluación de la nosología de la StIP, alejándonos de las distinciones del DSM-5 que exigen la persistencia de síntomas más allá del periodo de abstinencia y que, a menudo, resultan ineficaces en entornos clínicos reales. El abordaje podría requerir estrategias específicas según la fase del trastorno: aguda (seguridad y uso de antipsicóticos a corto plazo), subaguda (estabilización y prevención de recaídas) y a largo plazo (manejo de la psicosis recurrente o persistente); sin embargo, no existen modelos de estadificación validados. La prescripción de antipsicóticos sigue guiándose por la opinión de expertos, persistiendo interrogantes sin resolver sobre la elección del fármaco, la duración del tratamiento y las estrategias para prevenir recaídas. La evidencia sobre intervenciones psicosociales y conductuales es muy limitada. La atención individualizada, respaldada por herramientas predictivas, biomarcadores y la estratificación longitudinal del riesgo, resulta esencial para identificar a las personas con mayor riesgo de progresión y cronicidad, minimizando al mismo tiempo el uso innecesario de farmacoterapia a largo plazo.<br><br> La psicosis inducida por estimulantes (StIP) ejemplifica la creciente brecha entre la evidencia y la práctica clínica. Abordar esta situación requiere una agenda de investigación coordinada que permita definir la nosología y la fenomenología, validar algoritmos diagnósticos, desarrollar modelos de manejo específicos para cada fase y evaluar estrategias integradas que combinen intervenciones farmacológicas y conductuales. De no llevarse a cabo tales esfuerzos, los resultados clínicos seguirán siendo deficientes y la StIP continuará siendo uno de los síndromes más trascendentales, aunque a menudo desatendidos, de la psiquiatría.