Varieties of youth welfare citizenship: Towards a two-dimension typology
I tiakina i:
Chevalier, T., Varieties of youth welfare citizenship: Towards a two-dimension typology. Journal of European Social Policy, vol. 26, n. 1, 2016, p. 3-19.
Ref.
511596
Tauwāhi:
SIIS R.1171 / SIIS Archivo (R.1171)
Palabras clave:
Juventud, Trabajo, Política activa empleo, Transición, Entorno educativo, Entorno laboral, Ciudadanía, Inclusión laboral, Estudio comparativo, Europa
Juventud, Trabajo, Política activa empleo, Transición, Entorno educativo, Entorno laboral, Ciudadanía, Inclusión laboral, Estudio comparativo, Europa
Whakarāpopotonga:
La teoría del ciclo de vida explica que el Estado ha organizado el curso vital en tres etapas claramente delimitadas: la infancia, institucionalizada mediante la educación obligatoria; la madurez, definida por la actividad laboral; y la vejez, ligada a las pensiones. La transición entre las dos primeras tiene lugar con la emancipación económica y social, pero desde la década de 1970 ese tránsito se ha complejizado: la etapa educativa se ha prolongado, los hitos vitales que señalaban ese cambio (abandono del hogar familiar, entrada en el mercado laboral, matrimonio, maternidad/paternidad) han quedado desconectados y, además, la emancipación se ha vuelto reversible. Estas transformaciones han obligado a las políticas sociales a ocuparse de los riesgos sociales de la juventud, un grupo etario que hasta entonces no consideraba como tal a efectos de provisión de servicios. Desde esta perspectiva, el presente artículo, galardonado con el premio Jesp/ESPAnet en 2015, categoriza las respuestas que los Gobiernos de la Unión Europea han dado a este nuevo ‘colectivo’ y elabora una tipología que complementa y matiza los cuatro modelos clásicos de Estado de bienestar (continental, mediterráneo, anglosajón y nórdico).<br><br>En este intento de comprender las políticas sociales dirigidas a la juventud, el autor examina dos dimensiones: la social y la económica. La primera se refiere a la conceptualización de las y los jóvenes como sujeto de las políticas, y le permite clasificar a los países según consideren que siguen dependiendo de sus familias (enfoque familiarista) o que constituyen personas adultas (enfoque individualista). La segunda alude a la integración en el mercado laboral, y le sirve para dividir a los países en virtud de si sus intervenciones se orientan prioritariamente a capacitar a toda la juventud con menor nivel formativo (estrategia inclusiva) o si se focalizan en las personas de ese grupo con mayor empleabilidad (estrategia selectiva). El cruce de ambas dimensiones da como resultado una tipología que distingue cuatro modelos de políticas sociales para jóvenes: uno que les atribuye una ciudadanía de segunda clase (Reino Unido e Irlanda), otro que niega la ciudadanía juvenil (España, Portugal, Francia, Italia, Bélgica y Grecia), un tercero que la impulsa (Suecia, Finlandia, Dinamarca y los Países Bajos) y un último preocupado más bien por monitorizar los procesos de emancipación (Alemania, Austria y Luxemburgo).
La teoría del ciclo de vida explica que el Estado ha organizado el curso vital en tres etapas claramente delimitadas: la infancia, institucionalizada mediante la educación obligatoria; la madurez, definida por la actividad laboral; y la vejez, ligada a las pensiones. La transición entre las dos primeras tiene lugar con la emancipación económica y social, pero desde la década de 1970 ese tránsito se ha complejizado: la etapa educativa se ha prolongado, los hitos vitales que señalaban ese cambio (abandono del hogar familiar, entrada en el mercado laboral, matrimonio, maternidad/paternidad) han quedado desconectados y, además, la emancipación se ha vuelto reversible. Estas transformaciones han obligado a las políticas sociales a ocuparse de los riesgos sociales de la juventud, un grupo etario que hasta entonces no consideraba como tal a efectos de provisión de servicios. Desde esta perspectiva, el presente artículo, galardonado con el premio Jesp/ESPAnet en 2015, categoriza las respuestas que los Gobiernos de la Unión Europea han dado a este nuevo ‘colectivo’ y elabora una tipología que complementa y matiza los cuatro modelos clásicos de Estado de bienestar (continental, mediterráneo, anglosajón y nórdico).<br><br>En este intento de comprender las políticas sociales dirigidas a la juventud, el autor examina dos dimensiones: la social y la económica. La primera se refiere a la conceptualización de las y los jóvenes como sujeto de las políticas, y le permite clasificar a los países según consideren que siguen dependiendo de sus familias (enfoque familiarista) o que constituyen personas adultas (enfoque individualista). La segunda alude a la integración en el mercado laboral, y le sirve para dividir a los países en virtud de si sus intervenciones se orientan prioritariamente a capacitar a toda la juventud con menor nivel formativo (estrategia inclusiva) o si se focalizan en las personas de ese grupo con mayor empleabilidad (estrategia selectiva). El cruce de ambas dimensiones da como resultado una tipología que distingue cuatro modelos de políticas sociales para jóvenes: uno que les atribuye una ciudadanía de segunda clase (Reino Unido e Irlanda), otro que niega la ciudadanía juvenil (España, Portugal, Francia, Italia, Bélgica y Grecia), un tercero que la impulsa (Suecia, Finlandia, Dinamarca y los Países Bajos) y un último preocupado más bien por monitorizar los procesos de emancipación (Alemania, Austria y Luxemburgo).
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