Improving access to test results for participants in bio-behavioural surveys of people who inject drugs
Saved in:
Bigio, J., et al., Improving access to test results for participants in bio-behavioural surveys of people who inject drugs. International Journal of Drug Policy, vol. 144, n. 104192, 2025, 6 p.
Ref.
611044
Location:
SIIS Archivo (R.1114)
Palabras clave:
Drogas, Drogodependencias, Consumo, Jeringuillas, Enfermedades infecciosas, ETS, Sida, Virus, Reducción de daños, Acceso, Detección, Tests, Reino Unido
Drogas, Drogodependencias, Consumo, Jeringuillas, Enfermedades infecciosas, ETS, Sida, Virus, Reducción de daños, Acceso, Detección, Tests, Reino Unido
Abstract:
Las encuestas bioconductuales dirigidas a personas que se inyectan drogas (PID) surgieron a partir de la vigilancia anónima y no vinculada (UAM, por sus siglas en inglés) de la incidencia y prevalencia del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), iniciada en algunos países de ingresos altos a finales de la década de 1980. La UAM se realizaba exclusivamente con fines de vigilancia y los resultados de las pruebas no se comunicaban a los participantes. Posteriormente, se reconoció la importancia de recopilar datos sobre factores de riesgo conductuales, lo que condujo al desarrollo de encuestas bioconductuales para PID que hoy en día se llevan a cabo regularmente en varios países.<br><br>Por lo general, estas encuestas reclutan a participantes en centros que ofrecen servicios de reducción de daños e incluyen cuestionarios sobre comportamiento y pruebas de detección de VIH y hepatitis C (VHC) mediante muestras de sangre seca en papel (DBS). Los resultados de las pruebas DBS no se entregan a los participantes; en su lugar, los países ofrecen diversos sistemas de pruebas *in situ* independientes de las pruebas bioconductuales o facilitan la derivación a servicios de pruebas externos.<br><br>En este comentario, se analiza la evolución de las encuestas bioconductuales para PID desde sus inicios hasta la actualidad para explicar cómo han cambiado las metodologías, así como las consideraciones éticas subyacentes. Destacamos las notables mejoras en los tratamientos contra el VIH y el VHC en los últimos treinta años y la consiguiente necesidad de garantizar que los participantes en estas encuestas tengan acceso a pruebas oportunas y de fácil acceso (con pocas barreras).<br><br>Se examinan las ventajas y desventajas de las distintas estrategias para comunicar los resultados a los participantes y sostenemos que la entrega de los resultados de las pruebas DBS —recopilados como parte de las encuestas bioconductuales— merece ser considerada como una herramienta adicional para mejorar el acceso de los participantes a las pruebas. Cualquier cambio al respecto debe fundamentarse en las perspectivas de los participantes, el personal de los centros de estudio y los investigadores.
Las encuestas bioconductuales dirigidas a personas que se inyectan drogas (PID) surgieron a partir de la vigilancia anónima y no vinculada (UAM, por sus siglas en inglés) de la incidencia y prevalencia del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), iniciada en algunos países de ingresos altos a finales de la década de 1980. La UAM se realizaba exclusivamente con fines de vigilancia y los resultados de las pruebas no se comunicaban a los participantes. Posteriormente, se reconoció la importancia de recopilar datos sobre factores de riesgo conductuales, lo que condujo al desarrollo de encuestas bioconductuales para PID que hoy en día se llevan a cabo regularmente en varios países.<br><br>Por lo general, estas encuestas reclutan a participantes en centros que ofrecen servicios de reducción de daños e incluyen cuestionarios sobre comportamiento y pruebas de detección de VIH y hepatitis C (VHC) mediante muestras de sangre seca en papel (DBS). Los resultados de las pruebas DBS no se entregan a los participantes; en su lugar, los países ofrecen diversos sistemas de pruebas *in situ* independientes de las pruebas bioconductuales o facilitan la derivación a servicios de pruebas externos.<br><br>En este comentario, se analiza la evolución de las encuestas bioconductuales para PID desde sus inicios hasta la actualidad para explicar cómo han cambiado las metodologías, así como las consideraciones éticas subyacentes. Destacamos las notables mejoras en los tratamientos contra el VIH y el VHC en los últimos treinta años y la consiguiente necesidad de garantizar que los participantes en estas encuestas tengan acceso a pruebas oportunas y de fácil acceso (con pocas barreras).<br><br>Se examinan las ventajas y desventajas de las distintas estrategias para comunicar los resultados a los participantes y sostenemos que la entrega de los resultados de las pruebas DBS —recopilados como parte de las encuestas bioconductuales— merece ser considerada como una herramienta adicional para mejorar el acceso de los participantes a las pruebas. Cualquier cambio al respecto debe fundamentarse en las perspectivas de los participantes, el personal de los centros de estudio y los investigadores.